La innovación empieza desde dentro

Estos meses en los que estoy en proyectos mucho más ambiciosos de innovación desde el corazón de una gran empresa, me doy cuenta lo mucho que aguanta el papel y la absoluta irresponsabilidad que hay detrás de aquellos que prometen un camino hacia la disrupción sin haber sopesado las dificultades más aparentes.

Tal y como estoy experimentando la innovación en mis carnes, el relato es mucho más parecido a esta escena de Apollo 13 donde un problema con el filtrado de gases tóxicos obliga a crear una solución, llamémoslo parche, sólo utilizando todo aquello que ya se encontraba  dentro del módulo.

La entrada de nuevas tecnologías, de nuevos procesos, nuevos perfiles, la renovación y formación de personas, la integración con ideas, la utilización de datos externos… En las grandes empresas existen fuerzas de poder, departamentos estancos, barreras y procesos corporativos donde unos se protegen a otros por comodidad, por desconocimiento o por puro miedo.

La innovación en la gran empresa debe comenzar por sopesar qué tenemos dentro que puede servir a la causa. Qué movimientos y herramientas podemos reutilizar, qué personas tienen ganas y los mimbres necesarios para ser parte de un proceso tan doloroso como es el de cambiar. Sólo cuando pongamos encima de la mesa nombres y apellidos conocidos, los recursos y su utilidad, es probable que haya camino, además uno que cueste menos de andar y de defender por esas luces blancas, esos valedores en las alturas empresariales que podrán ayudar a empujar en alguna dirección, esos en los que es necesario apalancarse, ya que como bien sabemos una voz autorizada es, al menos en España, el bypass de la burocracia interna.

La innovación es un tema de personas, para ser más específico, de personas dentro de la estructura. Sólo con ellos los “overpromise” de consultores deseosos de vender podrán ser viables, sin ellos son proyectos que muy seguramente terminen en fracaso.